Sin duda, uno de los árboles más comunes es el chopo, que también se conoce como álamo o sauce.
Propio de zonas templadas y húmedas
El chopo pertenece a la familia de árboles de las salicáceas que tiene dos géneros: salix (sauces) y la populus (chopo o álamo) y su hábitat natural son las zonas húmedas y templadas, ya que necesita mucha cantidad de agua y luz para poder crecer rápidamente, llegando a alcanzar los 30 metros de altura. En su nacimiento tiene una corteza lisa, grisácea verdosa que, a medida que va envejeciendo, se agrieta y oscurece. El chopo puede tener flores tanto masculinas como femeninas, aunque en árboles distintos. Además, da un fruto que tiene forma de cápsula.
El chopo es un tipo de árbol que puede proporcionar varios tipos de productos, como madera para hacer postes y leña para el fuego, además de ser muy común su presencia en los parques de muchas regiones de nuestro país.
El chopo es parte importante de la biomasa
Una de las funciones más importantes que desempeña hoy en día el chopo es formar parte de la biomasa, una energía renovable y ecológica que está cobrando cada vez más importancia.
El cultivo del chopo se realiza sobre todo en las zonas cercanas a los ríos, por la comentada abundante demanda de agua que tiene.
Es un tipo de árbol que, por sus características, es muy fácil de multiplicar, lo que hace que sea elegido, en muchas ocasiones, para crear plantaciones artificiales con unas características concretas que las hacen más idóneas en determinadas condiciones climáticas. Para ello, se utiliza un procedimiento que se conoce como clonación, pero que tiene algunos inconvenientes que es necesario analizar antes de llevarlo a cabo.
Dentro de los chopos hay varias subespecies que se clasifican en función de la finalidad para la que se utilicen. Por ejemplo, las populus alba, nigra y trémula, autóctonas de nuestro país, se emplean para la repoblación de zonas forestales; mientras que para la producción de madera se emplean clones híbridos de populus sp.